Espiritualidad

La Iglesia, al reconocer santo a Camilo de Lelis, ha ratificado su experiencia de vida cristiana como una manera auténtica y ejemplar de vivir el Evangelio y la ha propuesto a toda la comunidad cristiana. Desde hace quinientos años, miles de hombres y mujeres, de laicos y religiosos, en todos los continentes, siguiendo el ejemplo de Camilo, se han sentido llamados por Dios a vivir su carisma, según modos y contextos diferentes, atentos a los signos de los tiempos.

La experiencia espiritual de Camilo podemos sintetizarla de la siguiente manera, que sigue siendo para nosotros padre fundador y modelo ejemplar:

1. El descubrimiento de Dios.
2. Jesús crucificado.
3. La caridad.
4. Ver a Jesús en el enfermo.
5. María, salud de los enfermos y madre de los moribundos.

 

1. El descubrimiento de Dios
Camilo, aunque había sido bautizado y formado cristianamente de forma especial por su madre, vivía como si Dios no existiera. Dios era un recuerdo de la infancia y del catecismo aprendido de memoria.
Pero un día, a la edad de 25 años, consciente del fracaso de su vida, Camilo descubre a Dios. Le encuentra al reflexionar sobre la miseria de su vida y, guiado por una intensa luz interior, inicia una intensa relación personal con Dios. Camilo experimenta la misericordia de Dios, le pide perdón, le da las gracias por haberle esperado durante tanto tiempo y decide consagrarse a Él para el resto de su vida.

2. Jesús crucificado
Camilo tenía una especial devoción al crucifijo, a Jesús en la cruz. En la cruz contemplaba el rostro dolorido de sus enfermos.
En diversas ocasiones declararía que la fundación de la Orden no era obra suya «sino del Crucifijo y de la llaga del pie» y eligió la cruz como símbolo distintivo que debía figurar en el hábito de sus ministros de los enfermos.

3. La caridad
Camilo se siente llamado a testimoniar el amor misericordioso de Cristo a los enfermos. Con tono entusiasta recuerda a los hermanos que quien se haya dedicado al servicio de los enfermos ha elegido la parte mejor del Evangelio, la que más ama Jesús, pues viviendo según este carisma se puede «adquirir la preciosa perla de la caridad», por cuya posesión merece la pena dejar todo lo demás.
La caridad con los enfermos, dice, debe adornarse con los caracteres de la diligencia, el cariño, la benignidad, el respeto y ha de vivirse «con toda perfección» y sin límite, hasta arriesgar la propia vida, según la enseñanza del Evangelio: «Nadie tiene amor tan grande como quien da la vida por sus amigos».

4. Ver a Jesús en el enfermo
Terminada la liturgia del altar, Camilo continuaba la adoración en el lecho de los enfermos. Camilo, al igual que muchos otros santos y místicos, a veces se extasiaba, pero a él le sucedía esto delante de los enfermos, y al servirlos, como han testimoniado algunos de sus hermanos, «estaba muy sonriente, abstraído y en éxtasis». Al cuidar a los enfermos, su mente, su corazón y todos sus sentidos se transformaban enteramente porque en los rostros de aquellos pobres enfermos «no veía otra cosa que el mismo rostro de su Señor».

5. María, salud de los enfermos y madre de los moribundos
María, fiel al designio de Dios, fue cooperadora de la salvación-salud de la humanidad realizada por su Hijo.
Al pie de la cruz no hace ni dice nada que alivie a su Hijo; el alivio es su presencia amorosa y participativa. Jesús nos la dejó como madre y nosotros la reconocemos poderosa mediadora de gracias para sus hijos, especialmente en la necesidad.

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